Divertimentos

      

1

escuchando de tu nombre la risa de mi furia la constancia del mar su letanía que me insinúa el estar  y estando sola, me zambullo en tus olas me embellezco en tu espuma me arrepiento en mi estío y atragantada de miedo, finalmente, me confieso: soy sólo mía.

 

Te  bebo en mi silencio, y río.

 

 

2

manjar de medianoche columpias con la espera torbellino de espinas. Fantasmas en galeras rinocerontes tristes mermeladas pasadas. Dulzor de la guirnalda seca, amor de los piratas
sangre de sombra verde como de calandria tibia, tibia y recién muerta, dulce miel de la aurora, piensa, sueña mientras me duermes, antojo.

 

Soy una pera.

 Brota.

 

 

3

 

mi campana se quedo sin repique y mi cura se soltó

sin prisa botines y  sotana

con prisa preguntan las pantallas si es un gozo la vida sin nostalgias

son tan memóricas las noches sin quimeras y tan cortos los días sin recuerdos

cuando no llueve el alma

la misma vida presurosa arrebata una playa a la playa una ola

y la ola como una pena, a un ojo llora.

Apago así sin prisa y una por una, las cinco velas.

 

 

 

4

 

Si toda me suspendo
cuando estoy quieta,
¿por qué la luz se apaga

 cuando me acecha
y el árbol me cobija

aunque sin  hojas?
Así
hasta el reloj
se aparta
de mis dedos sin vientre

cuando crujo, nueva campana

y me besas,

pues sabes

con sabor a muerto.

 

5

En la noche no ríen las sirenas. No enturbian el agua los cangrejos, no ronronean los amantes ni llueve el trueno, no me despido bastante. El cielo es noche y día, tu turno duermes.

 

No silbo, no me muero. Solo el silencio muere...ansiedad de los espejos sin humo, la sangre que se pierde en el combate. Los campos muy azules, el cerro, los castillos, la alborada, sumiéndome, flotando, suspendida, vuelo, arrastra, me levanto. El nuevo puente. Avenidas surcadas en instantes. Sin combate y sin sangre. 

 

Dos hombres pegan, tres hombres violan, dos niños lloran. Y tú, trabajas ayudándoles.

Soy mi rumor, la vida pasa. Eres mi espalda, pues Claudia

 

 

 Marta R. Zabaleta- Setiembre 2005