Dos heridas

                         A los torturados en Irak

 

Hermano

Tú que has muerto

Derramado de espigas,

Empapado de lágrimas

Guardaste en el arcon vacío

La fiebre de todos los poemas

Mi carta simiente vestida de amapolas.

 

Solapada

La muerte te acapara

Sobradora

la memoria me tortura:

es tu risa la boca de la nada

y tu diente es féretro del alba.

 

 

Ríe tu vientre al porvenir suicida

De las manos soltando las marras

Y se bendice el mapa de tu horca

En la cadencia muda de su amarga toga

 

No vistes ni al pichón ni a la calandria

No te bañas ni silbas en la fuente

No eres mas que vértigo en el frente

Cóncavo convexo mancebo de porvenir inerte

No vistes mas al árbol, ya no eres puente.

 

M.Zabaleta@Epping,1 de mayo 2004