Hermano
Tú que has muerto
Derramado de espigas,
Empapado de lágrimas
Guardaste en el arcon vacío
La fiebre de todos los poemas
Mi carta simiente vestida de
amapolas.
Solapada
La muerte te acapara
Sobradora
la memoria me tortura:
es tu risa la boca de la nada
y tu diente es féretro del alba.
Ríe tu vientre al porvenir suicida
De las manos soltando las marras
Y se bendice el mapa de tu horca
En la cadencia muda de su amarga
toga
No vistes ni al pichón ni a la
calandria
No te bañas ni silbas en la fuente
No eres mas que vértigo en el
frente
Cóncavo convexo mancebo de porvenir
inerte
No vistes mas al árbol, ya no eres
puente.