Habiéndome convertido en
pasión inanimada de hombres
de aguas
calientes
sin
decreto
sentándoseme una gata
aviolinada para bailar silente al ritmo de los zares y sin el son ni el sol de
los palmares, sin las luces de los mares ausentes, los bautizos y con el
vientre muerto, con la sordidez del hambre alimentada, de a caballo,
acuclillada, domada, en el piso sin sombra de aquellos que fueron los tiempos
esperables
desperezada y sin llanto pues
me has llamado, lo dicho y enmudezco
estremecida me repito
estoy
viva,
sigo
siendo mía y la gatita pensándolo, de todo desvarió ya estamos hastiadas, me
propongo olvidarme, más en el olvido se me han perdido el tiempo, mi nombre,
las caricias
y no consigo soñar que eso fue un sueño.