DE REGRESO AL AUTOEXILIO

 
 
A mi padre, fallecido durante la dictadura militar y en mi ausencia.

 
No soy mas como antes fuera,
ahora riego las plantas sin sensual apuro,
y en su charco me miro:  
fui aquel árbol sin frutos que dormía a la sombra,
que ya no tiene mas que una paloma herida,
el picaflor se ha ido, con las campanas
voló la esperanza estremecida.
 
Soy apenas aquella, la que en sus manos trémulas
solo colecta plumas y espinas para curar heridas.

 
Cuentan los vientos que en las noches cálidas
bailan en las islas de enfrente mis fantasmas,
que por el río bajan camalotes gigantes con pumas en sus lechos,  
que las pirañas destrozan las ubres de las vacas todavía
y que el agua baja verde sobre mIS pies sedientos
cuando pienso de Rosario en su puerto y primavera.

 
Pero en el fondo escondido de esas nuevas memorias
ahora veo a un gigante rudo y muy tibio
que me consuela
y llora.
 
Si, porque no estoy loca.
No, porque estoy sola.
De mi quimera quedo nomás  alguna estrella
y apenas una sombra de las llagas en rojo.

 

 
 
 
Epping, 16 de agosto. 2003.
Día del cumpleaños de mi padre Roque Zabaleta, y  
Día de la muerte de mi abuela materna.

 

 
 
 

 

MARTA ZABALETA