DE CLASES SOCIALES y NOMBRES RAROS

A TRAFUL, Argentina, 1.9.1939 – Francia,13-8.2007

 

Children war is just a shot away
Sister love is just a shot away

Learn to forget
Let me sleep all night
Patty Smith, 2007

 

 

Quedaron unos pocos
sobreviviendo:
entre ellos y ellas
Horacio, el argentino, judío,
borracho empedernido, folklorista,
jugado, gigante, y rosarino,
Enorme como un trueno,
suave como pluma rosa,
sabio como el mate,
también sentenciado a ser acribillado
en el estadio Concepción. Baldomero.

Su madre y sus novias pasajeras
reaccionaron con ira;
cubriendo las entradas del estadio
con bolsas de comida;
mientras otras
nos resignábamos
a aceptar fagos contados
de la Cruz Roja,
o un cepillo de dientes
entregado bajo sospecha
por el suegro burgués
que nos buscaba.

El 3 de octubre de 1973
nos sacaron del campo
y el 5 de octubre ¡ el Día del Camino!
nos expulsaron
por petición a Pinochet
del próximo Presidente,
( quién otro que Juan Domingo )
Oh ansiosa patria nuestra y
otra vez peronista… Pero
unos años atrás, cuando tenía sólo
14 años, habló con ella, quien lo nominó, tal vez, campeón de los torneos infantiles de basquebol, porque era muy alto.
(Sí, ella, Evita, qué menos...)

Varón no la olvidó, y siempre dijo
cuando era invitado a dar clases
de Sociología
como experto en terreno
del desalambre cotidiano de los fundos del Sur (aquello que era nuestro pan de cada día) que había nada más que dos clases sociales, y que no le gustaba andar con cuentos:
- la de los buenos,
- la de los otros
(y por lo bajo: son los hijos de puta, repetía.).

Traful, le llamó su padre.
Su madre tomó el nombre de aquel lago
que 'descubriera el bisabuelo coronel’,
cuando ayudó a invadir la Patagonia.
y a matar a los indios y quitarles la tierra.
Pero fue su abuelo médico
quien lo salvó del aborto prematuro.
Y los Álvarez se mudaron, no sé por qué por los años cincuenta, a Chile:
madre, padre, una hija, y un hijo,
Horacio Traful Baldomero Álvarez.

Un ser así no podía vivir
ni en Sao Paulo, ni en Cuba, ni en Buenos Aires, sin que fuera enseguida detectado:
por la cana, las mujeres, sus camaradas, o su madre, más sus amigos, que lo seguíamos a todas partes.
’ Pueblo, conciencia, fusil,
MIR, MIR’ Marzo 1976. Los milicos argentinos se embalaron y le tocó un canazo de dos años, cuatro meses y unos días, perdiendo el movimiento de sus manos, la aguardentosa voz de su garganta y nunca más pudo jugar a las patrañas ni ‘cantar como los ángeles’ al decir de Paulo Freire. La guitarra en el ropero quedó colgada.

Compartiendo celda con Emilio de Ipola, discutió acerca de discurso e ideología, y luego aquí, con Laclau, populismo, cuando lo 'salvamos'.
Porque los amigos, unidos,
jamás serán ganados.
Yo aun vivo en la casita
que él encontró en A.I.
para mis pies cansados
Y hasta con gato de porcelana
pa’que no maúlle al amor,
papusa brava. Y aun escribo
en la mesa roja de la cocina, hermano.

Mi amigo intelectual que era poeta,
no le tuvo miedo ni al sol ni a la metralla, ni a la mafia, la droga, o la cortada.
Pero pintó y sufrió por los mapuches
que hoy sufrirían por su dios blanco,
si supieran que ha muerto.
Pero no: su semilla crecerá
junto a los ríos de Francia,
los árboles en flor las suspenderán
de las anguilas transhumantes,
y en los nenúfares con pumas y toninas
viajarán por los lagos y los mares
como su nombre.
Horacio Traful Baldomero Alvarez.


Porque Traful va a dormir
desde mañana
arrullado por el canto vegetal de mano alzada acunando a un hombre y a una mujer mapuches que puso presos antes de ayer el primer gobierno de una mujer chilena, la Bachelet, ex - camarada.
Da que pensar, dan ganas de ganarles.
’Se siente, se siente,
Traful está presente’.

Londres, 1 de septiembre, 2007

Marta Raquel Zabaleta