Acerca del rodaje de “En banda”

LA BALSA QUE SIGUE RESCATANDO A LOS PIBES

 

“Pero los chicos también viven en bandas,

habitan en esas redes inventadas, construidas, sostenidas,

las durísimas condiciones que los atraviesan.

Las bandas de los chicos son universos en los que se sufre, se piensa, se arman lazos,

y constituyen territorios de experiencias subjetivas.

Aún cuando viven en un terreno de declinación institucional,

los chicos habitan sus bandas”.

 

Silvia Duschatzky y Cristina Corea, “Chicos en banda”

 

Una idea y una cámara: La trilogía en VHS

 

Los cinéfilos de mi generación crecimos amparados bajo la premisa del gigantesco cineasta bahiano Glauber Rocha acerca de que “para hacer cine basta con una idea y una cámara”. Acaso por ello no nos intimida esta globalización imperial que pretende unificar la cultura universal a los pies de la cadena Mc Donalds, aplastando en busca de petróleo a los pueblos que inventaron la escritura. Nunca fue crucial en Nuestra América en qué soporte registrar la realidad. Del Súper 8 al VHS, nos hemos arreglado con nuestras verdades a cuestas, y lo seguiremos haciendo en la era digital. La película en cuestión es la tercera de una trilogía comenzada hace una década, empuñando una vieja Panasonic 9000 que desde hace dos años tengo en venta. El deseo de hacerme a la aventura de filmar, con la única certeza del almirante genovés -el Puerto de Palos de una pasión detrás, y el horizonte más incierto delante- se fue tornando irrefrenable y esa precaria cámara fue la única herramienta que hallé a mano. Desde entonces, le hice corregir los pedestales de color y me hice a la vida con apetito voraz de cazador de imágenes. Yo sabía desde mi experiencia  en el Grupo de Cine “Martín Fierro” -fundado por Gerardo Vallejo (Grupo cine Liberación) a mediados de los 80- que mi condena era la fascinación por el devenir total de los acontecimientos, esa trampa que me llevaría una y otra vez a una intensa pelea interior para tratar de evitar editar tomas “en tiempo real”. Con “Pago Chico, Patria Grande”  (Uruguay, 2003), acaso en tanto poeta, sucumbí ante la tentación de la palabra e hice un documental genealógico que bien puede apreciarse con los ojos cerrados. En “Esperando a Sandino” (Nicaragua, 2006) sostuve un durísimo forcejeo entre palabra e imagen y creo que salimos empatados. Con “En banda” siento que comienzo a darle a imagen y palabra el sitio que merecen, si bien he rehuido a construir frases únicas con un tapiz de voces, acaso porque a la generación que abordo nunca se la escuchó. Y ocurre que los mayores me señalan esa carencia pero los jóvenes disfrutan escuchando los diversos argumentos a que apelan sus pares para arribar a una misma razón.

L@s numeros@s trabajadores/as de la cultura que hicimos “En banda” ponemos a disposición del público nuestro producto final en la convicción de haber sido leales, detrás de cámara, a los artistas que la siguen peleando delante. Porque sentimos que con una ordinaria herramienta de registrar cumpleaños  -y una dignísima puesta de cámara y de luces- también hicimos sonar una guitarra criolla como si fuera una Fenders. Esta película es, por encima de todas sus limitaciones, un ejemplo acabado de la voluntad irrefrenable de crear a cualquier costo, sorteando todos los obstáculos de una precariedad que a menudo instala ante nosotros el paralizante dique del NO SE PUEDE.

 

Diez años de incubación

 

Desde las primeras tomas del filme, registradas durante agosto de 1997 en un barcito de San Telmo, hasta el último subtítulo manuscrito por un guitarrisa de “Domínguez”, banda que no existía cuando comenzamos a trabajar, han ocurrido -como en la vida de todos- muchísimas cosas. Algunas auspiciosas y otras no tanto: He transitado airosamente del cine analógico al cine digital, he visto evolucionar a un hijo del fútbol a la batería de rock, he perdido una madre más deseosa que nadie de asistir a la primer función, he ido definiendo una vocación que quizás haya nacido cuando documenté cuerpo a tierra en Ezeiza el violento retorno de Perón, y he aprendido -en dura lucha contra mi narcisismo- a replegar a un lugar discreto mi voz de autor. Efectivamente, si alguna batalla celebro con la factura final de este documental, es la de haber depuesto la vocación setentista que aún detentan algunos cineastas coetáneos afectos a desplegar en pantalla verdaderos tratados de sociología que ya no seducen a mi generación y aburren mucho a las siguientes.

 

Un documental hecho con los pibes

 

A la hora de compartir experiencias de producción cabe la puesta en común de cómo se organizó el trabajo de campo de “En banda”, a partir de saber que el ecosistema de la bandita de rock barrial se nutre del colegio y de la esquina. Así se hizo necesario apelar a los hijos de los amigos en edad de cursar la secundaria, y no tardó en constituirse un nutrido núcleo de voluntarios que al poco tiempo estaban suministrando no menos de tres o cuatro contactos por semana, lo que creó un superávit informativo al que no se pudo dar respuesta completa, quedando bandas tan singulares como “The Keruza” -que acostumbra brindar recitales en tránsito, sobre escenario montado en acoplado de un camión- para otra oportunidad.

 

El héroe que siempre reaparece

 

Con más de un siglo de tradición documental, cada vez es menor la dificultad a la hora de advertir cual de nuestros entrevistados se desprende claramente del resto, como emergente de los valores paradigmáticos que caracterizan al grupo escogido. En nuestro caso particular prevaleció la figura de Omar Roa, empleado público y guitarrista rítmico de una bandita surgida desde El Doke (apelativo local de Dock Sur). En él se condensaban la peculiaridad de ganar un sueldo escaso y repartirlo entre la ayuda a una madre costurera y un padre ex ferroviario, jubilado por invalidez… y la financiación de ensayos, compra de cuerdas, o publicidad para su grupo musical. Omar era, definitivamente, el héroe de nuestro documental, que -con su anécdota final de haber arriesgado el pellejo por esa guitarra que tanto le significa- justificaría nuestro subtítulo: “La vida por el rock”. Lo más curioso -y ratificatorio para cualquier documentalista honesto- sería convocar, diez años después de comenzar el rodaje, a Juan Pablo Franco, empleado público, cantante y compositor del ascendente grupo “La QK del Quía”, para la selección de momentos musicales de su autoría… y constatar que él también reparte sus magros recursos entre la familia y la pasión musical que le sirve para enfrentar la adversidad. Cuando el azar produce semejantes corroboraciones hay que creer o reventar que se está en la senda correcta de lo que se pretende testimoniar.

 

 

Estar “en banda”

 

Nuestra historia arranca con una significativa definición de Carlos “Indio” Solari, líder de la banda más carismática de la historia del rock nacional: “Las bandas son chicos de barrios desangelados, que no saben de discotecas para modelos y estrellas de rock, ni de autos locos ni de navidades artificiales. Pibitas embarazadas que lloran su dolor en una esquina, chicos bombardeados, sin padres ni esperanza”. Este concepto resulta fundamental a la hora de delimitar el espacio de nuestra reflexión. Comenzamos el rodaje alentados por un afán de contribuir a promover bandas meritorias y poco conocidas, dando a conocer su esforzada lucha por prevalecer en un mercado altamente selectivo. El siniestro ocurrido en diciembre de 2004 en la discoteca República Cromañón, máxima tragedia de nuestro rock que costó la vida de 194 pibes y pibas reunidos en torno a una banda inconformista y contestataria, volvería a poner de manifiesto con extrema ferocidad la indolencia del capitalismo salvaje con las franjas generacionales extremas, que no ocupan el centro de gravedad del proceso productivo. Convertido en una verdadera cámara de gas para excluidos, el incendio del boliche condensó la metáfora de lo mejor y lo peor del rock: El aguante y el exceso. A partir de dicho escenario, muchas bandas que compartían aquella liturgia que allí se llevó al extremo de la inmolación guardaron inesperado silencio. Y una vez más los “elegidos de los dioses” volvieron a quedar solos de toda soledad. Nuestra película no los quiso abandonar. Y su edición final no se hizo esperar. Si alguna vez barajó llamarse “Vamo las bandas!” (trajinado grito de guerra acuñado por Los Redondos), ahora merecía otra denominación, que diera cuenta de la nueva realidad… Seguir agrupados, pero en pos de un nuevo horizonte que aún no se avizora, en medio de tanta desazón. En la jerga cotidiana, estar “en banda” significa estar a la deriva, desamparado. Pero tomado literalmente, también significa no estar solo.

 

El Doke: origen y final de viaje

 

La Dársena Sur de la capital argentina constituye una geografía histórico-social de enorme trascendencia. De allí partieron en octubre de 1945 muchas columnas de trabajadores conjurados por rescatar a su líder de prisión. Es allí donde hoy pueden advertirse de manera más obscena los estragos causados por la des industrialización de los 90s. Yo vivo en La Plata y trabajo a diario en capital. Todos los días entro a la gran urbe por ese puerto hediondo y enorme atravesando los últimos monobloks. Y nunca dejo de alzar la vista buscando algún balcón que corrobore que aún vigila desde allí Domingo Roa, El Centinela del Doke, protagonista de epopeyas que supieron transitar hacia Creedence partiendo de Los Wawancó. El padre de nuestro héroe materializa el pasamano cultural que deja en la brecha al protagonista de la historia. Un portador de música cargada de valores que no deben perderse. La muestra viviente de que los centros de poder pueden proponer sus ritmos y sus estéticas, pero los pueblos del mundo crean permanentemente y se apropian de las formas que mejor le sientan. Eso mismo es el híbrido que hoy llamamos rock nacional. Un sincretismo cultural tan nuestro como el tango o el folklore.

 

El rock nacional como una de las últimas ideologías solidarias de la juventud argentina

 

A lo largo de esta experiencia cosechamos sobradas pruebas de los valores humanos de nuestro rock, desde el préstamo de públicos, al rescate de pibes de la autodestrucción, pasando por la disposición permanente de colaborar con causas altruistas. Pero, así como nos ufanamos de haber logrado un trasvasamiento generacional verbo-icónico -esto es, haber delegado la palabra y el diseño de arte en pantalla a los protagonistas de una nueva generación- deseamos cerrar esta nota dejando que sean sus voceros más autorizados quienes corroboren la idea fundamental de nuestra realización:

 

“Vamo'a ayudar a estos atorrantes / para que salgan de ese lugar /  Vamo'a encontrar en esas caritas / la otra cara de la verdad / Bajo este cielo hay un infierno / para los pibes de esta ciudad / Vamo'a ayudar a estos atorrantes / para que salgan de ese lugar, de ese lugar”

 

Bersuit Vergarabat, fragmento de “Andan yugando”, CD “Testosterona”

 

“El rock fue el que denunció la represión y la tortura desde el primer día  con nombre y apellido (recordar ‘Apremios ilegales’), el que anunció la existencia de una generación marginada en pleno sueño menemista (ver Redonditos, La Renga, los heavies), el que integró la libertad sexual y el combate al machismo (Moris, Virus), etcétera”.

 

Pipo Lernoud, fundador de la revista “Expreso Imaginario”

 

“Lo que propone el capitalismo  es el sálvese quien pueda; cada vez hay menos políticos con un proyecto. Fíjate lo que pasa acá: Perón tenía una idea, un camino, o Irigoyen. Te gusten o no, Roca, Sarmiento, Mitre… Había ideas detrás de ellos, los tipos pelearon por un modelo de país. Todo tiene que ver con la supervivencia hoy, ya, con manotear… Y yo creo en las ideas, me parece que sirven”

 

Andrés Ciro Martínez, cantante de Los Piojos.

 

“El rock ha sido eso para mí, un refugio ante tanto asesinato, vinculado a épocas de convulsiones sociales donde por lo menos había batallas a pesar de la derrota”

 

Diego Capusotto, humorista, conductor del programa de TV “Peter Capusotto y sus videos”

 

“A mi no me interesa quedarme en la cómoda y decir ‘soy artista, lo demás no me interesa”, porque lo primero que el artista tiene que ser es pueblo, traducir el sentir del pueblo y tomar posiciones… sobre todo en este momento crucial de la historia. Escucho a muchos artistas decir ‘yo hago arte y no me meto en política’. Entiendo que en las últimas décadas hemos tenido políticos traidores y muchos necesitan despegar. Pero es un error, porque en realidad tuvimos chantas y corruptos, no políticos. La política es otra cosa: es la que define quién come y quién no, quién se educa y quién no. Entonces, el que dice que no se mete en política está regalando la mejor herramienta que tiene el hombre para solucionar los grandes problemas. Lo más peligroso para el poder es que el pueblo se politice; por eso, tirar un mensaje de despolitización es una irresponsabilidad. No hay nada más fácil de dominar que un pueblo apático e indiferente”

 

Malena D’Alessio, cantante de “Actitud María Marta”

 

JORGE FALCONE

director del documental

En banda. La vida por el rock