Después de leer la
carta del cineasta Michael Moore y las
declaraciones de las autoridades de los estados
de Louisiana, Mississippi, y Alabama sobre
la indolencia e ineptitud del Presidente Bush, he
considerado que la mayor y más efectiva ayuda a
las víctimas del huracán Katrina, es exigir
la renuncia de George W. Bush y si no lo hace
demandar al Congreso que lo destituya antes del 21
de septiembre.
Bush, Donald Rumsfeld
y su equipo de Gobierno deben abandonar la Casa
Blanca y si deciden quedarse, el Congreso, el pueblo
norteamericano y la opinión pública mundial debemos
obligarlos A MARCHARSE.
Solicitamos apoyo para
divulgar este llamado y la carta del cineasta
MICHAEL MOORE.
Viernes, Septiembre 2, 2005
Estimado Mr. Bush:
¿Tiene alguna idea de donde están nuestros
helicópteros? Ya es el día 5
después de Katrina y miles están atrapados en New
Orleáns en espera de ser evacuados. ¿Donde habrá
usted metido todos nuestros helicópteros militares?
¿Necesita ayuda para encontrarlos? Hombre, una vez
perdí mi auto en un estacionamiento. Era un
desmadre.
También. ¿tiene alguna idea de
donde está la Guardia Nacional? Podríamos usarla
ahora para las actividades a las que está designada,
por ejemplo para ayudar en caso de desastres
nacionales. ¿Como es que no estaban ahí?
El jueves pasado estaba yo en el sur de Florida y me
senté afuera mientras el ojo de Katrina pasaba sobre
mi cabeza. Era sólo de categoría 1 pero ya bastante
feo. Once personas murieron y al día de hoy todavía
hay hogares sin luz. Esa noche los meteorólogos
dijeron que el huracán rumbeaba para New Orleáns.
¡Eso fue el jueves! ¿Nadie le dijo? Sé que usted no
quería interrumpir sus vacaciones y se que no le
gustan las malas noticias. Además, usted tenía que
ir a comidas para recaudar fondos y tenía madres de
soldados muertos que era necesario ignorar y
calumniar. ¡Bien hecho!
Me gustó que el día después del huracán usted, en
vez de volar a Louisiana, se fuera a San Diego a
divertirse con sus amigos de negocios. No deje que
la gente lo critique por eso - después de todo el
huracán ya había pasado y ¿Qué carajo iba usted a
hacer? ¿Poner el dedo en el agujerito? Y no escuche
en los próximos días a los que van a revelar que
usted este verano específicamente redujo el
presupuesto del Cuerpo de Ingenieros del Ejército
para New Orleáns por tercer año consecutivo.
Usted vaya y dígales que, aún si
no hubiera cortado la plata para reforzar esas
defensas contra el agua, no habría habido ingenieros
para hacer la tarea porque usted tenía para ellos un
trabajo de construcción mucho más importante:
CONSTRUIR LA DEMOCRACIA EN IRAQ.
El día 3, cuando usted finalmente
dejó sus vacaciones. déjeme decirle: me emocionó que
usted hiciera descender el Air Force One debajo de
las nubes para echarle un rápido vistazo al
desastre. Eh, yo se que usted no podía bajar,
agarrar un megáfono, pararse sobre los escombros y
actuar como un verdadero comandante en jefe. Ya
estuvo, ya cumplió.
Habrá ahora quien trate de politizar la tragedia y
usarla contra usted. Sólo haga que su gente lo
denuncie como una maniobra. Pero no responda. Ni
siquiera a esos científicos pestosos que predijeron
que esto pasaría porque el agua del Golfo de México
no deja de calentarse, haciendo que fuera inevitable
una tormenta así. Ignórelos e ignore todos sus
grititos sobre el calentamiento de la Tierra.
No, Mr. Bush, no afloje. Mantenga el rumbo. No es su
culpa que el 30 por ciento de New Orleáns viva en la
pobreza o que decenas de miles carecieran de
transporte para salir de la ciudad. Vamos, ¡son
negros! Quiero decir, no es como si esto hubiera
pasado en Kennebunkport. ¿Se puede imaginar dejar
gente blanca viviendo arriba del techo por cinco
días? ¡No me haga reír! La cuestión racial no tiene
nada -NADA- que ver con esto.
Usted quédese tranquilo, Mr. Bush. Nada más trate de
encontrar unos pocos de nuestros helicópteros del
Ejército y mándelos para allá. Haga de cuenta que la
gente de New Orleáns y la costa del Golfo están
cerca de Tikrit.
Suyo,
Michael Moore
PS: Esa madre molesta, Cindy
Sheehan, ya no está en su puerta. Tanto ella como
docenas de parientes de otros muertos de la guerra
en Iraq están viajando ahora a través del país con
paradas en muchas ciudades del camino. A lo mejor
usted puede alcanzarlos antes que lleguen a
Washington el 21 de septiembre.
Jaime Áviles. Periódico La Jornada México.
Exijamos que George WC Bush renuncie inmediatamente a la
presidencia de Estados Unidos y sea llevado a juicio y
condenado a cadena perpetua por su responsabilidad
inexcusable, personal y directa en la destrucción de
Nueva Orleáns y en la muerte de miles de personas que
allí vivían. En 2003 -reveló ayer el corresponsal de La
Jornada en Nueva York- Bush canceló un programa de
investigación que buscaba el modo de evitar,
precisamente, que Nueva Orleáns desapareciera bajo las
aguas del Mississippi debido a la furia de un fenómeno
natural monstruoso como Katrina.
Salgamos de nuevo a caminar por las calles del mundo con
una sola pancarta que en todas las lenguas exija: cárcel
para Bush, castigo al máximo asesino de nuestro tiempo,
cuyo nombre está sangrientamente asociado a la palabra
muerte, así en Louisiana como en la mezquita de Bagdad,
en los preparativos del ataque nuclear contra Irán y
demás calamidades que vengan. Porque la negativa de WC a
firmar el Protocolo de Kyoto -para impulsar medidas
contra el enloquecimiento de la naturaleza, que apenas
en diciembre produjo el tsunami y ahora ha borrado del
mapa una de las ciudades más hermosas del planeta- es ya
una amenaza visible contra el conjunto de la humanidad y
ésta, aunque sea por instinto de conservación, debe
derrotarla.
Hace meses otro
huracán azotó el Caribe, mató a muchas personas en
varias islas, pero a ninguna en Cuba, porque la
organización de aquella sociedad funciona. Bajo la
administración de WC, el Sur Profundo, el mítico país de
Mark Twain, no sólo quedó a merced de las aguas y los
vientos como si fuera un enclave tercermundista, sino
que regresó a la edad de las cavernas y los grupos
humanos que ahí se encuentran se están matando a tiros,
ahora mismo, disputándose una galleta o un vaso de agua
potable, mientras el dizque "presidente" de la nación
más "poderosa" de la historia no acierta sino a
farfullar incoherencias. Salgamos a las calles,
detengámoslo ya (...)