Del Valle del Jarama a la Brigada Lincoln y La
Internacional. De C. S. Lewis a Neruda y Miguel
Hernández. Testimonios de soldados, enfermeras, prisioneros.
En el 70º aniversario del comienzo de la Guerra Civil
española, la International Brigade Memorial Trust (IBMT)
brindó el domingo, en Manchester, el homenaje a los
voluntarios británicos e irlandeses que lucharon por la
libertad y contra el fascismo. Billy Bragg, trovador punk,
fragoroso activista político y estrella de la escena musical
británica, se sumó a la velada, que contó con la presencia
de Bernard McKenna, veterano de la defensa de Madrid y, a
sus 91 años, el único brigadista vivo en la región de
Manchester.
"Los voluntarios internacionales", dijo Billy Bragg, "fueron
como los canarios en las minas: los primeros en entrever el
peligro que presentaba el fascismo en Europa. Fueron los
patriotas de la raza humana. Nos enorgullece su ejemplo y
debemos celebrarlo". Veterano del movimiento popular
antifascista y antirracista, Billy Bragg tenía un triple
motivo para secundar la velada de "protesta, poesía y
canciones" que organizó la IBMT en el teatro de la
Biblioteca de Manchester. Su suegro fue, con 15 años,
evacuado de El Escorial cuando las tropas rebeldes se
alzaron contra el Gobierno republicano en 1936. "Quiero que
mi hijo, Jack Bragg de Valero, comprenda por qué su familia
se asentó en Inglaterra", explicó.
"Ese mismo año", añadió, "vencimos a los fascistas en los
barrios del Este de Londres, pero el fascismo vuelve a
resurgir. El racista Partido Nacionalista Británico (BNP)
detenta la oposición oficial en el Ayuntamiento de mi barrio
natal. Este evento me permite recargar pilas y lanzar un
mensaje a los fascistas: '¡No pasarán! La batalla continúa".
Gritó el lema de lucha en castellano. También en español
rezaban las leyendas de las pancartas del escenario: "Vivan
las Brigadas Internacionales". "Madrid será la tumba del
fascismo".
Entre acordes de guitarra acústica, Bragg rememoró la
herencia sindicalista de muchos brigadistas en There is
power in the union, recuperó la voz Woody Guthrie en
All you fascists are bound to loose y, entre otros
temas, cantó con pasión el clásico El valle del Jarama.
El actor Malcolm Raeburn acababa de leer el testimonio de
John Tunnah sobre las bajas sufridas. Marlene Sidaway,
secretaria de la IBMT, recitó un pasaje del diario de una
enfermera al cuidado de dos finlandeses heridos de muerte:
"No podíamos hablarles. Sólo podíamos demostrarles cariño".
Y la actriz Maggie Fox recordó el poema de Neruda La
llegada a Madrid de las Brigadas Internacionales.
Los poemas y testimonios cobraron vida en voz de los
profesionales. La audiencia se sintió trasladada a las
trincheras con los versos de Canción del esposo soldado
y compartiendo celda con Miguel Hernández al escuchar su
Nanas de la cebolla. Trevor Barnett, poeta y profesor de
Literatura, recitó ambas obras, traducidas para la ocasión.
"Lorca es más conocido aquí, pero escogí a Hernández porque
es el poeta de la gente", explicó emocionado.
Hubo muchos jóvenes entre el público con ganas de empaparse
en la guerra española que 2.300 voluntarios británicos e
irlandeses hicieron suya. Veintidós quedan con vida,
incluido Bernard McKenna, quien tendió cables telefónicos en
el frente y conoció el infierno en el campo de concentración
del monasterio San Pedro de Cárdena, en Burgos. "Resistimos
al fascismo, lo cual tuvo un gran efecto en la política
mundial. Demostramos que se podía luchar contra el
fascismo", rememoró el veterano combatiente.
Principios sin nacionalidad
"Quería aprender más de la Guerra Civil, y los eventos
culturales son la mejor forma de comprender lo que pasó. Me
he sentido dentro de la piel del que se enfrenta a la
muerte. Es importante para nosotros, los occidentales, que
vivimos desconectados del resto del mundo", valoró Anna
Ashworth, de 27 años. Incluso algunos artistas intervinieron
en la velada para educarse en esta "guerra de principios y
los principios no tienen nacionalidad", según se reafirmó en
Manchester.
The Houghton Weavers lleva 32 años en el circuito folk,
pero la Guerra Civil no se incluía, hasta anteanoche, en su
repertorio. "Un amigo nos prestó el disco España en mi
corazón, con temas como El valle del Jarama y
Brigada Abraham Lincoln. Cantamos canciones con mensaje
y ya tenemos otro mensaje para transmitir a las audiencias",
comentó Tony Berry, vocalista del grupo. Como remate a una
noche trascendental, pero distendida y salpicada de buen
humor, Bragg invitó al escenario a la decena de artistas
que, como él, intervinieron sin cobrar un penique. Puño en
alto, y secundados por el público, cantaron La
Internacional. Pasionaria, con su retrato enmarcado
entre banderas republicanas, se despidió una vez más de las
Brigadas Internacionales en la voz de la actriz Maxine
Peake. Dolores Long, bautizada en su honor por su padre, el
voluntario y jefe de las brigadas inglesas Sam Wild, se
revolvía entre sonrisas y lágrimas.
Jueves,
9 de noviembre de 2006
LOS BRIGADISTAS 'RETOMAN' BELCHITE
Homenaje a veteranos de la Guerra Civil en un teatro de Londres
LOURDES
GÓMEZ - Londres
"Yo sé lo que pasó en Belchite. Fue la
batalla más sangrienta de la Guerra Civil", recordaba la
noche del martes Sam Lesser, judío británico, de padres
polacos, que se unió a las Brigadas Internacionales en
septiembre de 1936. También Bob Doyle, voluntario
irlandés, resistió al fascismo en este histórico enclave
de Aragón hasta ser capturado por tropas italianas y
enviado al campo de concentración de San Pedro de
Cardeña, en Burgos. A sus 91 años ambos veteranos
retoman Belchite a través de los recuerdos que les
suscita ¡Ay, Carmela!, la obra del autor y
director teatral José Sanchis Sinisterra, que se estrenó
la noche del martes en el Shaw Theatre de Londres tras
recorrer otras ciudades británicas.
"Una interpretación impresionante, pero
un rompecabezas para los británicos. No han oído hablar
de Belchite, sólo de Marbella, Málaga, Barcelona y quizá
Granada", comentó Lesser con punzante ironía. Con nueva
traducción en inglés de Steve Trafford, ¡Ay, Carmela!
mantiene viva la memoria de los extranjeros que se
movilizaron en contra del fascismo. Textualmente a
través de los presos y, en la víspera de su
fusilamiento, espectadores ausentes del forzado
espectáculo de variedades de Carmela y Paulino, los
únicos personajes de la obra con presencia en el
estrado. A un nivel más íntimo, la actriz Elizabeth
Mansfield dedica su interpretación a su padre, Geoffrey,
comunista inglés que coordinó envíos de comida y ropa a
la España republicana.
Sanchis Sinisterra saldó una deuda de su
conciencia con el estreno londinense de la obra. Aparcó
sus múltiples compromisos en teatros de España e Italia
para acompañar a los miembros de la International
Brigade Memorial Trust que aceptaron la invitación de
Ensemble, la compañía teatral de Mansfield y Trafford.
Entre ellos, Doyle, Lesser y el veterano sindicalista
Jack Jones hicieron los honores en nombre de los 22
voluntarios que aún viven en el Reino Unido. "Hace 20
años, con ocasión de la primera producción española de
¡Ay, Carmela!, quise brindar un homenaje a los
brigadistas internacionales. Quería invitarles a una
representación en el nuevo Belchite. No pudo ser
entonces. Ver ahora realizado aquel viejo deseo me llena
de satisfacción", confesó el dramaturgo valenciano.
"No deja de darme sorpresas esta obra",
explicó poco antes. "La escribí para marcar el 50º
aniversario de la guerra, para que se reflexionara y se
recordaran las dos muertes. Primero los matan y luego se
les olvida", añadió. Del original en castellano, de
1987, han nacido lecturas en siete idiomas, incluidos el
francés y el alemán. Curiosamente, la versión inglesa
debe su origen a una adaptación serbocroata representada
en Sarajevo después de la guerra de Bosnia. El traductor
salió de aquella función convencido de la
contemporaneidad y pertinencia de las cuestiones
planteadas por Sanchis.
"Versa sobre el fracaso de los vivos para
asimilar las lecciones de los muertos de tantas guerras.
No aprendemos y las guerras continúan. Es importante
recordar. Por mucho que enterremos las memorias, éstas
vuelven a resurgir", defendió el traductor. No fue
necesario insistir en su argumento ante la audiencia del
Shaw. "Es bueno recordar las batallas en defensa de la
idea de libertad, de resistencia y de reconocimiento de
los valores humanos", le secundó Jones. "¿Somos honestos
con nuestros camaradas si no hablamos de qué pasó, de
cómo y por qué murieron?", cuestionó Lesser, también
conocido por su seudónimo Sam Russell, con el que
firmaba sus crónicas periodísticas.